sábado, 18 de septiembre de 2010

Teologías Deicidas. El Pensamiento de Juan Luis Segundo en su Contexto - P. Horacio Bojorge

Teologías Deicidas
El Pensamiento de Juan Luis Segundo en su Contexto
R. P. Lic. Horacio Bojorge, SJ


Material de lectura obligatoria para la undécima Clase Magistral del Curso sobre Historia del Pensamiento Contemporáneo.


Introducción


1. Por qué un informe crítico

Desde el fallecimiento del jesuita uruguayo Juan Luis Segundo, el 17 de enero de 1996, desbordando lo habitual en los elogios fúnebres, se manifestó el empeño de exaltar, junto con su persona, su pensamiento. Dado que están interviniendo en la recomendación de sus obras y de su enseñanza, personas, instituciones y publicaciones representativas de la Compañía de Jesús, se suscita la fundada impresión de que la Compañía misma asume, respalda y difunde como propias las doctrinas de Juan Luis Segundo [1].

Ahora bien, este informe crítico muestra que el pensamiento de Segundo se inscribe dentro de corrientes históricas del pensamiento naturalista cuyas categorías él ha aceptado y padecido pasivamente más que repensado, pero que no por eso deja de compartir y, en consecuencia, de difundir. El pensamiento de este autor merece por eso objeciones que hacen aconsejable medir los elogios exagerados que algunos le tributan y emitir juicios más cautelosos y matizados. Si muchos lo aplauden es porque representa el pensamiento de la modernidad acerca de la fe y de la Iglesia y porque repite los motivos modernistas, aplicándolos a diversos temas y situaciones. No conviene, por eso, recomendarlo sin reservas, y menos asumirlo como propio o representativo de la Compañía de Jesús.

Como en toda obra humana, no todo parece malo o condenable en la obra de Juan Luis Segundo. Pero una larga experiencia ha enseñado a los pastores de la Iglesia que, como la piedra en el plato de arroz, el error más dañoso es el que viene mezclado con verdades [2]. Por eso se informa acerca de sus errores, con el fin de evitar que se siga sirviendo de este arroz en medio de alabanzas, como si fuera no sólo seguro sino excelente. Lejos de recomendarlo tan entusiastamente, correspondería avisar, por lo menos, para que se mastique con cuidado.

No se desconocen tampoco sus buenas intenciones. Pero ellas no bastan para servir a la verdad. Como la corriente gnóstica en la que se inscribe, también Segundo pretende ayudar al creyente que se encuentra en dificultades con su fe, llevar el mensaje a los ateos y tomar en serio la historia y el mundo contemporáneo sin condenas ni ruptura del diálogo. Pero ese esfuerzo gnóstico se hace a costa de la fe, y su apologética termina volviéndose contra el creyente. Este informe recoge las voces de serios pensadores que muestran cómo Juan Luis Segundo, al igual que tantos otros intentos gnósticos de salvataje de los creyentes en crisis, y en su diálogo lleno de simpatía con los ateos, les ha arrojado, con toda buena voluntad, un «salvavidas de plomo». Y muestra también que, si bien Segundo intenta ser justo y abierto a los valores de la modernidad, no lo es por igual con el concreto pueblo de Dios que no tiene dificultades con su fe.

El pensamiento gnóstico moderno ha sido bien descrito y estudiado. Sus representantes se apartan de la organicidad propia de la verdad cristiana. Toman prestados de la fe su lenguaje y sus temas, pero para entenderlos a su manera. Aunque no crean en todos los artículos del Credo revelado, sin embargo utilizan en su discurso un cierto número de ellos. Ante ese discurso, el creyente experimenta un cierto malestar. Siente que los objetos de la fe están como deportados, descentrados en relación con la verdad orgánica del dogma, que por ello entran en contradicción unos con otros y que, en ese contexto, no se puede mantener la síntesis orgánica. Y es que los gnósticos no están determinando sus convicciones por la fe teologal. Formalmente, el motivo de su «fe» es una convicción humana (juicio de valor, opción estética, filosófica, ética o política, opción ideológica), no el efecto de un descubrimiento de la Revelación de Dios, de una adhesión obediente y amorosa a su Persona. El gnóstico cree por toda una serie de razones, excepto por la única razón que en definitiva puede ser determinante para la fe: que Dios ha querido revelarse tal como es. Los gnósticos modernos comienzan en general con una apologética que quisiera ofrecer a los hombres una fe «creíble». Pero al situar los elementos del cristianismo en una perspectiva radicalmente extraña a la visión propia de la fe, los pervierten. Los separan de la estructura original que los sostiene y les da sentido. Al hacer esto no reconocen la especificidad de la Revelación cristiana y despedazan su organicidad [3].

A lo largo de este informe se podrá ver que el perfil del pensamiento de Juan Luis Segundo es el de los pensadores gnósticos y modernistas. Su intención apologética y su modo de relacionarse con los contenidos de la fe, lo identifican.


2. Divulgador más que creador

«Si algo no ha cambiado en la historia son las costumbres ahistóricas de los teólogos, a los cuales les cuesta comprender que el oficio propio de la ciencia histórica es, como se sabe, liberarse de la historia comprendiéndola» [4]. Este informe discierne el pensamiento de Segundo y lo explica ubicándolo en el marco histórico de las corrientes de pensamiento que han recibido el nombre de naturalismo, gnosis, secularismo, modernismo, etc.

Juan Luis Segundo se sitúa, más precisamente, en el marco de una época en que se radicalizó la conciencia, agudizada con el diálogo Iglesia-mundo moderno, descubriendo la radical conflictividad de sus estructuras globales y ese análisis fue asumido por la reflexión de fe. Así fue como desde la fe se cuestionó la sociedad global en su estructuración injusta según ésta había surgido del proceso moderno. Se comenzó entonces a hablar de «estructuras de pecado» y «pecado institucionalizado». Sin embargo, aunque situándose en ese contexto de cuestionamiento global de la sociedad moderna, los pensadores como Segundo no llegan a cuestionar y a «convertir» —en el sentido evangélico— el mismo tipo de racionalidad y de praxis críticas desde las cuales hace la crítica.

De ese modo Segundo no supera el ámbito propio de la subjetividad moderna, aunque a ésta la comprenda como dialéctica, como social y en sus estructuras materiales. Por ejemplo, critica la sociedad liberal y su racionalidad burguesa haciendo uso del marxismo pero sin cuestionar también los rasgos de esa racionalidad que provocaron la crisis y que el marxismo comparte [5]. Sin cuestionar tampoco, la crítica antieclesial proveniente de esa racionalidad, que Segundo asume, comparte y a veces subraya y hasta radicaliza. Entre una apologética a ultranza que defiende todo lo de las propias filas sólo por el hecho de serlo y la renuncia a toda apología y a la internalización de la actitud autodenigradora, hubiera cabido un justo medio que Segundo no alcanzó, hasta el punto de levantar interrogantes acerca de su sentido de pertenencia. Por ejemplo: Juan Luis Segundo puede emitir juicios tan duros como éste: «la teología tradicional de los manuales permitió en el hemisferio norte matar sin remordimientos millones de personas durante la Segunda Guerra Mundial y en campos de batalla más recientes» [6]. Involucrar a la teología católica en la culpa por las guerras europeas eludiendo todo estudio y juicio histórico es intelectualmente aventurado, temerario e injusto, pero, religiosamente ¿qué significa? Este juicio tan poco matizado formulado por una inteligencia tan aguda ¿manifiesta alguna pasión oculta?.

La obra de Juan Luis Segundo difunde, pues, no sólo este tipo de juicios, sino doctrinas, y posturas teológicas, actitudes espirituales y religiosas como ésta y otras de las que, más que creador, fue repetidor, reelaborador y divulgador. Aunque más que portador de las mismas fue a menudo conducido por ellas, la reformulación que les dio y la aplicación a situaciones concretas, pudo hacerlas aparecer novedosas u originales en su momento. Pero Juan Luis Segundo no fue el creador de la mayoría de ellas, sino que las tomó prestadas y las compartió con las corrientes de pensamiento gnóstico en las que navegó y cuyos autores inspiraron su reflexión: naturalismo, modernismo, existencialismo, teología de la muerte de Dios, las así llamadas teologías progresista, secularista, política, de la esperanza, la de la liberación proclive al marxismo. Juan Luis Segundo comparte sus rasgos: inmanentismo, antropocentrismo, adoración de la Historia, descuido de los contenidos de la Revelación, cambio del Objeto formal de la fe por enunciables, olvido de la Tradición, manejo a veces desaprensivo del método teológico y arbitrario de la Escritura, distancia crítica e indócil ante el Magisterio, etc. [7]. El pensamiento de Juan Luis Segundo está marcado muy especialmente por el lenguaje, las categorías y los planteos propios del diálogo marxistas-cristianos y de los cristianos por el socialismo.

Una vez desaparecido Juan Luís Segundo, las ideas del tiempo lo sobrevivirán y seguirán difundiéndose por otros caminos y por medio de otros autores y pensadores. Si bien este informe se ocupa principalmente de Juan Luis Segundo, pues ha tenido que salir al cruce de los intentos de difundir indiscriminadamente su pensamiento, su intención es identificar esos errores, más allá de su circunstancial divulgador y más allá de la ocasional necesidad de ocuparse de él. Este informe no surge del mero afán de señalar errores, sino que apunta a despejar obstáculos en el proceso de búsqueda de la verdad y de la superación positiva de la modernidad y de la posmodernidad. El error no existe sino como defecto de la verdad. El pensamiento de Juan Luis Segundo es como una soga, que por sí sola no ahorcaría a nadie, si no estuviera atada a una firme y resistente rama de pensamiento naturalista y gnóstico. Rama que, sin embargo, irónicamente pertenece al mismo arraigadísimo y resistente tronco de la cultura dominante, —opuesta a la fe y a la cultura católica de la que es portador el pueblo creyente—, y recibe de él su savia.


3. Test de la capacidad dialogal y crítica

La necesidad de señalar los reparos que impone el pensamiento de Juan Luis Segundo surge también, en buena medida, de la conveniencia de evitar que sus buenas intenciones y sus aportes, naufraguen en el coro obsecuente de los elogios. Como ha dicho uno de sus críticos más respetuosos e inteligentes: «pienso que la preocupación por los pobres no me obliga a aceptar todos los métodos y conclusiones de Segundo. Es solamente por medio del diálogo y de la crítica que su teología evitará convertirse en una reflexión solitaria, estéril y facciosa» [8].

Se ha dicho que el fracaso de los maestros revolucionarios está en el hecho de que sus discípulos se dedican a conservar su revolución y se convierten así en conservadores. Dedicarse a alabar el pensamiento de Segundo sin criticarlo ni aceptar que se lo critique, sería traicionar su espíritu, incurriendo en la actitud conservadora de quien sigue vendiendo un pensamiento congelado... con errores y todo. Este mecanismo de la congelación conservadora de un espíritu rupturista es tan característico de la modernidad, que hasta cuando quiere sobrevivirse a sí misma echa mano a una etiqueta pseudo-rupturista: posmodernidad.

Juan Luis Segundo quiso ser un pensador crítico. Pero su instrumental y sus técnicas críticas, tomados de la modernidad, no lo habilitaron para otra cosa que para el mismo estilo de operaciones previstas por los manuales modernos. La historia dirá si a su sombra se formaron mentes realmente críticas, capaces de criticar sus propias técnicas e instrumentales, o sólo mentes conservadoras incapaces de trascender las tapias del patio modernista y de reproducir al infinito el mismo esquema de pensamiento, impotentes para renovar sus principios. Este informe es, en alguna medida, un test que plantea ese desafío y reclama esa prueba histórica.

Este informe tiene su origen en una serie de representaciones epistolares, no destinadas a su publicación, dirigidas a instancias de gobierno internas de la Compañía de Jesús. Su publicación no se debe a la intención ni a la iniciativa del autor sino a las del P. General de la Compañía de Jesús Peter Hans Kolvenbach, quien lo consideró conveniente: «Sería oportuno que usted publicara su evaluación de la obra del P. Segundo, participando así en el diálogo teológico y contribuyendo a la formación de la mentalidad de los cristianos y, en particular, de los miembros de la Compañía. Sería quizás una aplicación particular de los análisis que hace en su obra En mi sed me dieron vinagre: la civilización de la acedia que acabo de recibir» [9].

Con este fin los primitivos informes tuvieron que ser ampliados y su contenido sistematizado, en vistas a esta publicación. La extensión que ella tiene actualmente se debe a la necesidad de dar razón de la evaluación del pensamiento de Juan Luis Segundo y de fundamentar los motivos por los cuales se juzga inconveniente el empeño de difundirlo. Con este mismo fin se agregan anexos, en los que se comentan textos de Juan Luis Segundo que por la extensión del comentario que exigen, habrían recargado aún más el texto de esta evaluación.

El presente estudio expone una selección de críticas a algunos aspectos del pensamiento de Segundo; añade otras; señala defectos de método y errores de doctrina; apunta a ubicar a Juan Luis Segundo en el marco referencial de determinadas corrientes y maestros de pensamiento; señala también, aquí o allá, efectos y consecuencias pastorales de estas ideas.


4. Críticas de la Jerarquía y de la Academia

Este informe se hace oportuno, también, porque la honestidad intelectual y el celo pastoral exigen reconocer y advertir a los fieles, que hay afirmaciones en las obras de Juan Luis Segundo —ahora sí, en concreto y nominalmente de sus obras— que han merecido serias reservas y objeciones, tanto de la Jerarquía como de la Academia.

En efecto. Se ha pasado en silencio u olvidado, entre otros, dos hechos. Primero: que los obispos del Uruguay pusieron en guardia contra algunos de sus errores, en una declaración de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Uruguaya que transcribiremos más adelante, calificándolos de errores ruinosos para la fe y la vida del pueblo cristiano. Segundo: la existencia de un amplio y autorizado disenso académico y pastoral alrededor de las obras de Juan Luis Segundo, a cuyo pensamiento se le han hecho graves reparos. Existen críticas académicas al pensamiento de Segundo tan autorizadas como las de los uruguayos Dr. Miguel A. Barriola y el Dr. Eduardo Rodríguez Antuñano SJ [10], las de los jesuitas P. Bigo, J.-Y. Calvez, J. M. Carreras, S. Cevallos, C. Pozo; y de otros prestigiosos teólogos: J. H. Nicolas, C. Focant, L. Renwart, A. J. Tambasco, B. Mondin, J. P. Galvin, J. Zimbelman y otras que se citarán más adelante.

La propaganda alrededor de su figura y de su obra, demuestra hasta qué punto Juan Luis Segundo es representante de una corriente amplia y compleja, dentro de la cual confluyen intereses intelectuales, religiosos, ideológicos y políticos [11], la cual cuenta con medios o tiene acceso a medios de poder y de expresión y que está empeñada en glorificarlo, pero también tiende a desplazar y silenciar otras formas de ver y de pensar.


5. De cara al Tercer Milenio: confrontación con el secularismo

El intento de divulgar y recomendar las doctrinas de Juan Luis Segundo ocurre en vísperas del Tercer Milenio. Por eso se enmarca en el contexto de la apremiante exhortación del papa Juan Pablo II en la Carta Apostólica Tertio Millennio Adveniente: «Un serio examen de conciencia ha sido auspiciado por numerosos Cardenales y Obispos sobre todo para la Iglesia del presente. A las puertas del nuevo Milenio los cristianos deben ponerse humildemente ante el Señor para interrogarse sobre las responsabilidades que ellos tienen también con relación a los males de nuestro tiempo. La época actual junto a muchas luces presenta igualmente no pocas sombras [...] De hecho no se puede negar que la vida espiritual atraviesa en muchos cristianos un momento de incertidumbre que afecta no sólo la vida moral, sino incluso la oración y a la misma rectitud teologal de la fe. Ésta, ya probada por el careo con nuestro tiempo, está a veces desorientada por posturas teológicas erróneas, que se difunden también a causa de la crisis de obediencia al Magisterio de la Iglesia» [12].

De cara, pues, al Tercer Milenio: ¿cómo podemos pesar dentro de la Iglesia uruguaya y universal en la dirección que señala el Papa, acompañando su magisterio? El presente informe crítico expone los motivos por los cuales, recomendar y divulgar la doctrina de Juan Luis Segundo, sería contribuir al deterioro ya grande de la rectitud teologal de la fe y de la obediencia al Magisterio. Siendo Juan Luis Segundo en muchos aspectos un pensador de la corriente secularista, la confrontación con su pensamiento está en la línea de confrontación con el secularismo que el Papa espera de los católicos y les anima a entablar, en la Tertio Millenio Adveniente: «Dos compromisos serán ineludibles especialmente durante el tercer año preparatorio: la confrontación con el secularismo y el diálogo con las grandes religiones» (n. 52).




Horacio Bojorge S.J.




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Notas

[1] Un volumen de homenaje, número doble de la revista de la Compañía de Jesús en Uruguay Misión de Fe y Solidaridad 62-63 (junio-julio 1996) titulado Una Teología con sabor a Vida, reúne elogios a la persona y al pensamiento de Juan Luis Segundo. Ha sido traducido al portugués y publicado por los jesuitas en Brasil. Este volumen contiene contribuciones de los siguientes jesuitas: Andrés Assandri, Armando Raffo, Andrés Torres Queiruga, Carlos Palacio, Roger Haight, Jon Sobrino, Pierre Vallin, Elbio Medina, Fernando Verdugo. Los demás son, en su mayoría, laicos allegados a la Compañía y algunos ex-jesuitas.

Armando Raffo SJ, «Juan Luis Segundo: La Espiritualidad como profundidad de la Teología (evocación de su espiritualidad)» en CIS [Revista publicada por el Secretariatus Spiritualitatis Ignatianae, Roma] 27-2 (1996) n. 82, pp. 43-45.

Elbio Medina SJ, «Juan Luis Segundo, SJ: un creyente sabio y comprometido», en Miscelánea Comillas 54 (1996), pp. 193-197. Elbio Medina SJ, también un elogio póstumo en el periódico de izquierda Cuadernos de Marcha (3ª Época) 10 (1996), n. 113, p. 27.

Jon Sobrino SJ, «Ateísmo e Idolatría en la teología de Juan Luis Segundo SJ» en Revista Latinoamericana de Teología 37 (enero- abril 1996), pp. 3-10. Republicado en CIAS 45 (Oct/1996), n. 457, pp. 475-482, que agrega una serie de cartas obituarias en pp. 482-488.

El P. Martin Maier, SJ, redactor de la revista de los jesuitas alemanes Stimmen der Zeit, elogia a Segundo en un artículo dedicado a la Teología de la Liberación en América Latina que se republica en la revista de los jesuitas españoles Razón y Fe 236 (1997), n. 1.189, p. 288.

En revistas dirigidas por la Compañía han publicado elogios otros pensadores de renombre: Gustavo Gutiérrez, «Juan Luis Segundo: una amistad para toda la vida» en Signos enero 1996, p. 8; republicado en Misión de Fe y Solidaridad 62-63 (junio-julio 1996) pp. 51-52.

E. Hoornaert, «In Memoriam: Juan Luis Segundo (1925-1976)» en Perspectiva Teologica 28 (1996), pp. 153-155.

Ricardo Cetrulo, que perteneció a la Compañía, escribe “Un liberador de la Teología”, en el periódico de izquierda: Brecha (Montevideo), n. 535, marzo 1996, p. 22.

Después de su muerte, El P. Armando Raffo ha dado a publicar el manuscrito del libro de Segundo: El Infierno. Un diálogo con Karl Rahner, prologado por Elbio Medina. Coeditado por Trilce, Montevideo 1997 y Lohlé-Lumen, Buenos Aires 1998. El libro fue presentado por el P. Elbio Medina, y el ex jesuita Ricardo Cetrulo en la Asociación Cristiana de Jóvenes de Montevideo el 01-09-1998. Simultáneamente ha aparecido su traducción portuguesa en Brasil: O Inferno como absoluto menos. Um dialogo com Karl Rahner, Paulinas, Sâo Paulo 1998.

[2] El error se define como defecto de la verdad.

[3] M. J. Le Guillou, El Misterio del Padre. Fe de los Apóstoles. Gnosis actuales, Encuentro, Madrid 1998. Original francés Arthème Fayard, Paris 1973. Ver pp. 42-43.

[4] Augusto del Noce, «Teologia della Secolarizzazione e Filosofia», en Archivio di Filosofia (1974) p. 139.

[5] Ver Juan Carlos Scannone, Evangelización, Cultura y Teología, Guadalupe, Buenos Aires 1990, p. 30.

[6] Juan Luis Segundo, «Les deux théologies de la libération en Amérique latine», en Études 361 (1984), p. 149.

[7] Estas corrientes teológicas han sido abundantemente estudiadas desde distintos ángulos. Juan Carlos Scannone ha tratado el tema en Evangelización, Cultura y Teología y en otros escritos. Entre otros autores y obras pueden citarse: Armando Bandera, La Iglesia ante el proceso de liberación, BAC Madrid 1975; Cornelio Fabro, La Aventura de la Teología progresista, Eunsa, Pamplona 1976; Augusto del Noce, L´Epoca della secolarizzazione, Giuffré, Milano 1970; José Luis Illanes, Cristianismo, Historia, Dios, Eunsa, Pamplona 1973.

[8] «I assume, that concern for the poor does not necessitate my accepting all the methods and conclusions of Segundo. It is only by dialogue and critique that Has own theology avoids becoming an inbred, sterile and factious reflection». A. J. Tambasco, «A Critical Appraisal of Segundo´s Biblical Hermeneutics», en The Use of Scripture in Moral Theology pp. 321-336 (Editores: C. E. Curran, R. A. Mc Cormick.; Readings in Moral Theol. 4) New York Ramsey, Paulist Press 1984, VIII - 384 pp. nuestra cita en p. 321.

[9] Carta del 7 de mayo de 1997. La obra En mi Sed me dieron vinagre, a la que se refiere el P. Gral. apareció en, Lumen, Buenos Aries 19961, 19992. La sugerencia de aplicar al pensamiento de Juan Luis Segundo las tesis teológico-pastorales expuestas en esta obra se demostró como una intuición particularmente profunda e iluminadora.

[10] Véase la tesis doctoral de este jesuita uruguayo, dirigida por Peter Hünermann y H. Vorgrimmler, inédita hasta hoy: Eduardo Rodríguez Antuñano, El Problema Cristológico en la Actual Búsqueda Teológica Latinoamericana, Inaugural-Diss. zur Erlangung der theologischen Doktorwürde beim Fachbereich Katholische Theologie der Westfälischen Wilhelms-Universität Münster in Westfalen 1976; Referent Prof. Dr. P. Hünermann, Korreferent Dr. H. Vorgrimmler, 490 + 200 pp.

[11] En el homenaje recordatorio a Juan Luis Segundo, promovido por los ediles del partido de coalición de fuerzas de izquierda llamado Frente Amplio, en la Junta de Gobierno Departamental de Montevideo, el 8 de febrero de 1996, hablan, haciendo su elogio, ediles de dicho partido. Esas intervenciones, que se citarán más adelante en este informe, pueden verse en Enlace (Noticias de la Provincia Uruguaya de la Compañía de Jesús) 27 (En.-Feb. 1996) pp. 13-14 y CIAS (Revista del Centro de Investigación y Acción Social de la Provincia argentina de la Compañia de Jesús) 457 (Oct/1996) pp. 487-488.

[12] Tertio Millennio Adveniente 36,1.3.



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