lunes, 15 de agosto de 2016

Karl Rahner y la Teología Modernista - P. Gabriel Delgado

Karl Rahner y la Teología Modernista
Pbro. Dr. Gabriel Delgado


El Centro de Humanidades Josef Pieper tiene el agrado de invitarlos a participar del cuarto Café Cultural del año, a realizarse el próximo viernes 19 de Agosto a partir de las 20hs en el Multiespacio Cultural EL CAMINO, Av. Luro 4344 – 1º Piso, de nuestra ciudad de Mar del Plata.

El tema que convoca en esta oportunidad es “Karl Rahner y la Teología Modernista”, a cargo del Pbro. Dr. Gabriel Delgado, quien continúa así el Curso “Cristianismo en el Siglo XXI – Antecedentes, Conflictos, Perspectivas” que dicta el Centro Pieper este año, bajo el lema: “Pasión por la Verdad”.

El Curso está dirigido a Jóvenes mayores de 16 años y Adultos en general, Profesionales, Docentes y Estudiantes Universitarios, Agentes de Pastoral, etc. Se dispone de un cupo de Becas y Medias Becas para quienes hagan el pedido justificado. 

Los interesados pueden inscribirse directamente en el Multiespacio Cultural EL CAMINO, antes del inicio del Café Cultural, donde además se brindarán detalles del programa de todo el año. 


Para mayor información:
Celular y WhatsApp: 223 5 034406
Correo Electrónico: centropieper@gmail.com 


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Lectura Recomendada para leer antes del Café Cultural:
La Predicación Misionera de la Iglesia Desalentada en Karl Rahner - P. Julio Meinvielle



Breve Reseña Biográfica del P. Delgado:

domingo, 14 de agosto de 2016

La Predicación Misionera de la Iglesia Desalentada en Karl Rahner - P. Julio Meinvielle

La Predicación Misionera de la Iglesia Desalentada en Karl Rahner
P. Julio Meinvielle


El Jesuita Padre Karl Rahner (Alemania), uno de los teólogos modernistas más divulgados en el siglo XX, intentó conciliar a Santo Tomás con el idealismo alemán de Kant - Hegel - Heidegger, un proyecto que había sido ya iniciado por otro Jesuita, el Padre Joseph Maréchal (Bélgica). Un intento imposible de realizar, pues el principio de trascendencia no puede ser conciliado con el principio de inmanencia, y no puede haber ninguna síntesis entre dos cosas contradictorias, cada una de las cuales excluye a la otra. Con las mismas palabras de Rahner, el Padre Julio Meinvielle (Argentina) muestra en este texto las consecuencias pastorales a las que llevan estos errores doctrinales y su incapacidad de resistir una confrontación con la Sagrada Escritura.


Karl Rahner es un teólogo que ha adquirido gran notoriedad estos últimos años. Su teología se distingue por su fecundidad en suscitar problemas cuya solución luego, lejos de satisfacer, produce malestar. Su problematicismo sistemático engendra legítimamente escepticismo. A su vez, este problematicismo denuncia una evidente falta de claros principios que pueden dejar de ser tales y convertirse en errores si se los desplaza del lugar que les corresponde y se les asigna un lugar y una significación preponderante. Tal, por ejemplo, la enseñanza de la Iglesia de que Dios da la gracia necesaria para la salvación a todo fiel o infiel que hace lo necesario para salvarse, de acuerdo con el axioma teológico que dice: “Facienti quod est in se, Deus no denegat gratiam”. Al que hace lo que está en sus manos, Dios no niega la gracia. Esta enseñanza tiene especial significación para los infieles que no tienen oportunidad de recibir la influencia del cristianismo. Aunque esta verdad sea manifiesta, como luego veremos, no hay que asignarle en el plan cristiano de la Iglesia y de la Salvación un lugar primario como si luego la incorporación a la Iglesia visible e histórica no fuera tan necesaria y ocupara sólo un lugar secundario o de supererogación. Porque las cosas se ordenan precisamente al revés. La Revelación cristiana está toda ella dirigida a exponer el Plan de Dios sobre la Salvación con la venida de Jesucristo a este mundo y con la fundación de la Iglesia, como medio necesario para la Salvación. Este es el camino ordinario y necesario por el que Dios salva a los hombres. A los que sin falta propia no pueden echar mano de este medio, Dios, en sus misteriosos designios, les ha de hacer llegar su gracia —gracia sobrenatural— por caminos que sólo Él se reserva, de suerte que puedan salvarse.

Karl Rahner, S.J., ha sistematizado, quizás con excesiva fuerza, lo que él llama un cristianismo invisible, que sería efecto de una “consagración de la Humanidad por la Encarnación del Verbo”. “Al hacerse hombre el Verbo de Dios, dice Rahner, la Humanidad ha quedado convertida real-ontológicamente en el pueblo de los hijos de Dios, aún antecedentemente a la santificación efectiva de cada uno por la gracia” [1]. “Este pueblo de Dios que se extiende tanto como la Humanidad”… “antecede a (la) organización jurídica y social de lo que llamamos Iglesia” [2]. “Por otra parte, esta realidad verdadera e histórica del pueblo de Dios, que antecede a la Iglesia en cuanto magnitud social y jurídica… puede adoptar una ulterior concretización en eso que llamamos Iglesia” [3]. “Así, pues, donde y en la medida que haya pueblo de Dios, hay también ya, radicalmente, Iglesia, y, por cierto, independientemente de la voluntad del individuo” [4]. De aquí se sigue que todo hombre, por el hecho de ser hombre, ya pertenece, radicalmente, a la Iglesia. Esta pertenencia radical implica una actualidad de pertenencia que no era admitida por Santo Tomás, quien habló sólo de pertenencia en potencia [5], y que es la admitida corrientemente hasta aquí por los teólogos. Esta pertenencia actual, aunque no plenamente desarrollada, da todo derecho para que consideremos y llamamos “cristiano” a todo hombre por ser hombre. Si luego este hombre “asume totalmente su naturaleza humana concreta en su decisión libre” [6], “asume toda su concreta realidad de naturaleza” [7] y “la incorporación al pueblo de Dios se convierte en expresión de este acto justificante” [8]. En Rahner, por consiguiente, un infiel que sin culpa no pertenece a la Iglesia visible, pero que acepta con decisión personal, su naturaleza humana concreta (que ha sido consagrada por la Encarnación del Verbo) no sólo es cristiano invisible, sino que con esta decisión personal y libre, queda justificado.

Esta opinión de Rahner, S.J., sobre un cristianismo invisible que podría justificar a un infiel, aunque no ponga ningún acto de contenido propiamente sobrenatural; es sin duda atrevida y aunque pudiera ser defendida legítimamente dentro de las opiniones católicas, no debe ser destacada en forma tal que haga debilitar verdades fundamentales y primeras de las enseñanzas católicas.

viernes, 12 de agosto de 2016

“El Caballo de Troya en la Ciudad de Dios” de Dietrich von Hildebrand - Cristian Rodríguez Iglesias

“El Caballo de Troya en la Ciudad de Dios” de Dietrich von Hildebrand
Prof. Cristian Rodríguez Iglesias


Estimados:

Los invitamos a participar del tercer Studium 2016 –Estudio Comunitario– del Centro Pieper, a realizarse el próximo Martes 16 de Agosto a partir de las 19:15 hs. en el Centro Educativo FASTA, sito en Gascón 3145, de nuestra ciudad de Mar del Plata.

El tema que convoca en esta oportunidad es “El Caballo de Troya en la Ciudad de Dios” de Dietrich von Hildebrand, que será presentado por el Prof. Cristian Rodríguez Iglesias, continuando así el Estudio Comunitario con Mesa de Libros, Documentos y Autores que coordina el Centro Pieper bajo el lema: “Pasión por la verdad”.

La participación en este “Studium” del Centro Pieper es libre y gratuito.

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Lectura Recomendada:
Dietrich von Hildebrand, Filósofo Personalista Cristiano - Abelardo Pithod

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Recordatorio: el próximo Viernes 19 de Agosto, a partir de las 20hs, el Pbro. Dr. Gabriel Delgado, desarrollará el cuarto Café Cultural 2016 del Centro Pieper en el Multiespacio Cultural EL CAMINO, Av. Luro 4344 -1º Piso, Mar del Plata. El P. Gabriel Delgado expondrá sobre el tema “Karl Rahner y la Teología Modernista”

miércoles, 10 de agosto de 2016

Dietrich von Hildebrand, Filósofo Personalista Cristiano - Abelardo Pithod

Dietrich von Hildebrand, Filósofo Personalista Cristiano
Dr. Abelardo Pithod


Abelardo Pithod nos acerca, en este texto, una semblanza de la biografía y obra del filósofo personalista Dietrich von Hildebrand (1889-1977), discípulo de los fenomenólogos Husserl, Reinach y Scheler. En 1914 se convirtió al catolicismo, siendo su ideal permanente de vida una búsqueda profunda de la transformación de la humanidad para Cristo. La naturaleza y el valor del amor humano y religioso son dos de sus principales temas que resultan de una enorme actualidad ante los problemas contemporáneos. 

Pithod es Doctor en Sociología por la Universidad de París-Sorbona, Master en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid y Licenciado en Filosofía por la Universidad Nacional de Cuyo. Investigador principal del Conicet, es Director del “Centro de Investigaciones Cuyo”. Autor de más de veinte libros y doscientos trabajos científicos, este artículo que reproducimos a continuación en nuestro Blog del Centro Pieper fue tomado de la Revista “Cultura Económica” de la Pontificia Universidad Católica Argentina (UCA), año 2008.



1. La Cultura Centroeuropea Germano-Latina
  
Dietrich von Hildebrand fue uno de los grandes cultores de la filosofía cristiana en el siglo XX. Hijo de padres alemanes, von Hildebrand nació en Florencia en 1889, donde creció y fue educado hasta su ingreso a la universidad alemana. […] Fueron, sin embargo, la lengua y la cultura italianas su cultura y su lengua maternas, de las que no se desprendería nunca, al punto de que sus últimas palabras fueron pronunciadas en esa lengua. Éstas, apenas un susurro, habrían sido, según cuenta su segunda esposa Alice: “yo solía ser un león; ahora no soy más que una pequeña cosa desamparada” y luego añadir: “ma sai, sai, la mia ánima è ancora un leone”. A lo largo de su probada vida demostró ser un león. Y por ello el título que su esposa puso a la biografía que escribió sobre su marido, “Alma de león” [1].
  
En base a apuntes autobiográficos de Hildebrand, Alice reconstruyó la historia de su vida hasta su traslado a Estados Unidos. Para los que hemos transitado los derroteros intelectuales de este filósofo, pero seguro que también para los que no lo han hecho, esta obra ha causado y causará una verdadera delectatio espiritual, de la que estamos tan ayunos en estos tiempos de indigencia. Asomarse a esta “alma de león” provoca aquellos efectos espirituales cuyo estudio fue central en la indagación hildebrandiana sobre el hombre.
  
La biógrafa nos cuenta, con ese don tan particular de las mujeres para el relato, su infancia y primera juventud en Florencia, sus años de formación universitaria en Alemania y Austria y sus primeras luchas, que terminarían haciendo de él un exiliado de Europa hasta la muerte.
  

lunes, 1 de agosto de 2016

De la Casuística a la Misericordia ¿Hacia un Nuevo Arte de Complacer? - Mons. Michel Schooyans

De la Casuística a la Misericordia
¿Hacia un Nuevo Arte de Complacer?
Mons. Michel Schooyans


El Autor es Profesor Emérito de la Universidad de Lovaina, miembro de la Academia Pontificia de Ciencias Sociales y consultor del Pontificio Consejo para la Familia. También es autor de numerosos libros y ensayos sobre bioética, demografía y políticas globales de la ONU. En este artículo, publicado originalmente en Junio del 2016 en “La Nuova Bussola Quotidiana”, alerta del regreso en nuestros días de un error muy antiguo en la teología moral católica: la casuística. A continuación transcribimos el artículo completo para el Blog del Centro Pieper en traducción de la Dra. María Isabel Pérez de Pío.


Presentación
     
Se podría pensar que la casuística está muerta y enterrada. Las controversias del siglo XVII estarían definitivamente superadas. Raros son nuestros contemporáneos que aún leen las “Cartas Provinciales” y los autores que Pascal (1623-1662) denuncia en ellas. Esos autores son los casuistas, es decir moralistas que se aplican en resolver casos de conciencia sin ceder al rigorismo [Nota del Centro Pieper: Las “negritas” son nuestras]. Al releer las famosas “Cartas”, nos impresionó la similitud que aparece entre un escrito controvertido del siglo XVII y las posiciones defendidas hoy en día por pastores y teólogos que aspiran a cambios radicales en la pastoral y la doctrina de la Iglesia. El sínodo sobre la familia (octubre 2014 – octubre 2015) puso en evidencia una pugna reformadora que las “Cartas Provinciales” permiten comprender mejor hoy. ¡He aquí que Pascal comienza a hacerse conocer en un día inesperado! Las páginas que siguen quieren simplemente estimular al lector, y ayudarle a descubrir un nuevo arte de complacer.
     
     
El tesoro de la Iglesia
     
El Sínodo sobre la Familia puso en evidencia –si ello hacía falta– un profundo malestar en la Iglesia. Crisis de crecimiento sin duda, pero también debates recurrentes sobre la cuestión de los divorciados-«recasados», los «modelos» de familia, el rol de la mujer, el control de los nacimientos, la gestación subrogada, la homosexualidad, la eutanasia. Inútil cerrar los ojos: la Iglesia es interpelada hasta en sus fundamentos. Estos se encuentran en el conjunto de las Sagradas Escrituras, en la enseñanza de Jesús, en la efusión del Espíritu Santo, en el anuncio del Evangelio por los Apóstoles, en una comprensión cada vez más afinada de la Revelación, en el asentimiento de fe de la comunidad creyente. Jesús confió a la Iglesia su misión de acoger estas verdades, de evidenciar su coherencia, de hacer memoria de ellas. La Iglesia no recibió del Señor ni la misión de modificar estas verdades, ni la misión de reescribir el Credo; ella es guardiana de este tesoro; ella debe estudiar estas verdades, explicitarlas, profundizar su comprensión e invitar a todos los hombres a adherir a ellas por la fe. Hay incluso discusiones –sobre el matrimonio por ejemplo– que fueron cerradas por el Señor mismo. Es precisamente para ocultar estas verdades históricas, que los descendientes de los fariseos negaron la historicidad de los Evangelios (cf. Mc 10, 11).  
     
Desde los “Hechos de los Apóstoles”, la Iglesia reconoce y proclama que ella es una, santa, católica y apostólica. Son sus «notas» distintivas. La Iglesia es una porque ella no tiene más que un solo corazón, el de Jesús. Ella es santa, pues  invita a la conversión al Señor, a la oración y a la contemplación del Señor. El hombre no tiene el poder de santificarse por si mismo, pero todos son llamados a responder al llamado universal a la santidad. Ella es católica, es decir que ella recibió del Espíritu Santo el don de lenguas: ella es universal. La comprensión de lenguas significa la unidad en la diversidad, fruto del Espíritu Santo. La Iglesia es además apostólica, es decir fundada sobre los apóstoles y los profetas. La sucesión apostólica significa que un lazo ininterrumpido nos une a la fuente misma de la doctrina de los apóstoles.
     
Para ofrecer al mundo la Buena Nueva que vino a traer el Señor, quiso asociar a su obra a hombres que eligió para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar a todas las naciones (cf. Mc 3, 13-19). Estos hombres dan testimonio de las palabras que ellos recogieron de la boca misma de Jesús y de los signos que  realizó. Estos testigos fueron llamados por el Señor para garantizar, de generación en generación, la fidelidad a la enseñanza que él mismo expuso. Les incumbe por lo tanto, profundizar la inteligencia de los testimonios que les conciernen y autentificar su tradición.
La enseñanza del Señor comporta una dimensión moral exigente. Esta enseñanza invita por cierto a una adhesión razonable a la regla de oro, que los grandes sabios de la humanidad meditaron desde siglos. Jesús lleva esta regla a su perfección. Ahora bien la tradición de la Iglesia comporta preceptos de conducta propios, en el primer lugar de los cuales figura el amor a Dios y al prójimo. «Todo lo que deseen que los demás hagan por ustedes, háganlo por ellos: en esto consiste la Ley y los Profetas» (cf. Mt 7, 12). Este doble mandamiento es la referencia fundamental para el actuar del cristiano. Este es llamado a abrirse a la iluminación del Espíritu, que es amor, y a corresponder a esta iluminación por la fe que obra por el amor (cf. Ga 5, 6). Entre este, el amor, y aquella, la fe, el vínculo es indisoluble. Si, en la enseñanza de la Iglesia, este vínculo es roto, la moral cristiana se hunde en diferentes formas de relativismo o de escepticismo. Se llega a contentarse con opiniones subjetivas y fluctuantes. La ruptura se instala entre la verdad y la acción. No hay ya referencia a la verdad, ni a la autoridad que esta garantiza. La transgresión termina por ser abolida, puesto que fueron rechazadas las referencias morales dadas por Dios a los hombres. Se llega hasta a sugerir que el hombre ni siquiera tiene ya necesidad de amar a Dios para salvarse, ni de creer en su amor. Golpeado por una ruptura fatal, la moral ve abrirse grande la puerta del legalismo, del agnosticismo y de la secularización. Las reglas de vida enseñadas por los Profetas, por el Señor, por los Padres de la Iglesia son metódicamente desactivadas. Prevalecen entonces las prescripciones de los nuevos legistas, los herederos de los escribas y los fariseos. La moral se convierte así en una forma de positivismo gnóstico, un saber reservado a iniciados. Ese saber solo encuentra «legitimidad» en las decisiones puramente voluntarias de los que se atribuyen el privilegio de enunciar una nueva moral, sin la referencia fundada en la verdad revelada.
     
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